Testimonios

Darnos cuenta del centro en donde estamos desde el pensamiento ancestral nos da una tecnología para aceptar, asumir, revisar y trabajar. Instrumentalizar la incertidumbre para aceptar y asumir, siendo conscientes de que ésta se manifiesta de una manera que no nos conviene, y entre tanto estar en desacuerdo con ello para aceptar la situación en la que estamos y darnos a la tarea de emprender un camino en el sentido colectivo, en comunidades, y otro social que nos lleva a aceptar que el camino está en reconocernos como pétalos de una misma flor.

Por otro lado, el sentimiento del miedo del que he hablado no es más que el resultado de la separación, la separación es la ilusión, pero también tiene su lugar y eleva al ser para superarse. Desde la cosmogeocracia -un vivir conforme a las leyes de la naturaleza- los antiguos comprendían que no estaban separados, el miedo es un abuelo y como los elementales ha cumplido un papel que nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales, cuando uno va superando ese miedo se presente en otra forma representando un nuevo reto.

De igual manera, el tiempo también es un maestro, y así hay que aprender a ver a los otros por su edad, por lo que son, y comprender como el tiempo los ha construido. Ahora estamos caminando e intentando comprender el pensamiento para actuar desde el amor reconociendo que el tiempo nos está dando lugar para rescatar la esencia de lo divino. Tenemos que indagar en nosotros mismos, hacer una exploración interna, porque el ego tiene una estrategia que es ocultarse todo el tiempo, hacerse inconsciente, allí se vuelve difícil de encontrar, pero a veces nos percatamos cuando nos relacionamos con otros y con la naturaleza que algo pasa – no funciona- y entonces nos damos cuenta que estamos en la experiencia de separación, de conflicto con los otros.

Por eso las relaciones son para verificar y revisar cómo estamos, cómo vamos en la batalla de no darle fuerza a ese pensamiento de ilusión; como dicen los ancianos, es tenerle una casa al ego, darle una justa proporción porque es un maestro que no puede gobernar toda la vida, el pensamiento, el alma ni el cuerpo del ser humano.

Las culturas sagradas tenían eso claro y lo sabían ubicar, eso fue lo que perdimos. La tarea es disolver el ego, develar la ilusión, he ahí la exigencia de conocerse así mismo, mirarse en la experiencia y reconocerse en el otro; así empezamos a relacionarnos en la pareja, la familia, con los amigos. Esas relaciones son el testimonio que nos permite ver cómo vamos, se va mostrando en comportamientos, juicios, odios etc. y no nos damos cuenta, pero son proyecciones que salen de nosotros, tenemos que aclararlo para limpiar la semilla y conectarnos con nuestra fuente. Después podremos restituir nuestra condición en la memoria y caminar en la unicidad, hay que insistir en eso y no distraernos, tomar centro en nosotros, en el espíritu, en lo que realmente somos, develar todo lo que es ilusión en nosotros, entonces busquemos todo aquello que nos permite recobrar la unicidad con lo natural, para ser conscientes de la locura que nos incita a la grandeza.

Juan David Mejía Pulido - Bendición Mundial del Utero - Despertando nuestra sexualidad (Parque de los Novios Bogota, Mayo 2016)

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